Entre el 7 y el 17 de marzo, me ausenté de Chile por ir a tomar un Laboratorio de Interacciones Humanas a Bogotá, Colombia (taller del que ya escribiré ya que si o si se lo recomiendo a todo el mundo). A mi regreso a Chile, y habiéndome “perdido” las réplicas más relevantes, llamé a mi madre para ver cómo se encontraba. Ella me comentó por teléfono que se siente deprimida producto de tanto temblor que seguían y seguían allí presentes. Prometí ir a visitarla ese mismo día. Cuando llegué a su departamento en la tarde, ella rápidamente “ninguneó” su emocionalidad, quizás como una manera de no hacer que yo me preocupara demás, diciéndome que no le hiciera caso a lo que me dijo por teléfono, que ya estaba bien. Recorrí su departamento, que se encuentra en un sexto piso… y allí salió el motivo de su gran incomodidad, de su gran miedo. Sin pedírselo, comenzó a mostrarme las grietas que tenía su hogar. Algunas eran grietas de tabiquería, grietas no menores, pero sólo estéticas. También me mostró las grietas estructurales, las que compartía con su vecino del departamento del lado. Me quedó mirando y me dijo que eso es lo que la tiene absolutamente angustiada, esto de pasar 20 veces por ese pasillo al día, y ver que está viviendo entre grietas, bajo grietas. Y justo ahí se puso a llorar. La abracé y le mencioné que no se preocupara de las grietas de tabaquería… ya que eran sólo estéticas. Obviamente, no pude decir nada de las grietas estructurales… sin embargo, le prometí enviar a un profesional que viera el nivel de gravedad de ellas.
¿Profesional en grietas? Si los profesionales en grietas de esas físicas ya
sean estructurales o sólo estéticas, son los constructores civiles, arquitectos
e ingenieros, ¿quiénes son los profesionales de las grietas emocionales?
“Chuta… parece que yo soy uno de ellos”, reflexioné. Los “Coaches” somos, entre
otros, los profesionales que nos hacemos cargo de las grietas emocionales de
otros. Y nuevamente, justo ahí, pensé en mis clientes organizacionales que
requieren que les ayudemos a reparar las “grietas de tabiquería” y las “grietas
estructurales” de sus equipos, de su gente, grietas que ellos mismos no saben
distinguir. Y cuando me enfrenté a tal pensamiento, me surgió la sensación de
inseguridad, de ignorancia, de falta de competencia ante tamaña tarea, incluso
de desamparo unido con una necesidad enorme y más imperiosa que nunca de
hacerme cargo de la responsabilidad consecuente de mi actuar para con mis
clientes, para con su gente.
Les cuento que muchos de los proyectos aprobados en enero, que sólo estaban
esperando ser activados en marzo, pasaron a mejor vida, porque definitivamente
las prioridades habían cambiado. Llegar a ofrecer programas y actividades
"estándares" pre-terremoto se convertía en un gran sin-sentido. El
eje y el ojo era otro. La palabra “coyuntura” se volvía estrella de la nueva
función. Y así, cualquier diseño de intervención grupal más o menos estándar
iba directamente al tarro de la basura. Lo singular era (y aún creo que
es) que estas grietas emocionales (de tabiquería o estructurales) de tantas y
tantas personas en las organizaciones, estaban de alguna manera siendo
ocultadas por esas mismas personas, moviendo la cabeza levemente y susurrando
un “todo está bien”. Incluso los "aprobadores" de estas
posibles nuevas intervenciones “coyunturales”, finalmente reconocían que ni
ellos mismos estaban seguros de la verdadera magnitud de las grietas
emocionales de sus compañeros de trabajo. Lo que si nos enfatizaron, en más de
una oportunidad, que necesitaban que si íbamos a hacer algo con sus
equipos, definitivamente NO “abriéramos” nada que NO pudiésemos “cerrar” en una
misma jornada. “CHUTA" nuevamente y esta vez con mayúscula.
A mí este terremoto me movió, entre otras cosas, los cimientos de mi profesión.
Me hizo cuestionarme mi verdadero rol como Coach Organizacional y me hizo,
nuevamente, declarar ignorancia y vivirme la confusión, casi al punto de
paralizarme. Ya voy saliendo, avanzando y movilizándome junto con mi equipo,
pero no quiero desconocer lo que me pasó, no quiero "ningunear" lo
que sentí.
Y al observar lo que sentí, me dieron ganas de conversar con mis colegas coaches, más allá de los integrantes de mi equipo en Plan B Consultores, para ver si este sentir era sólo mio o nos recorría en menor o mayor grado a todos. Me dieron ganas de saber qué se está haciendo, no sólo en las comunidades arrasadas por el Tsunami, sino también con ese equipo que trabaja en el piso 18 de un edificio de oficinas del centro de Santiago. Sigo con las ganas, con la necesidad de esta conversa. Sigo con la duda si lo descrito anteriormente también fue tu experiencia al visitar a tus clientes durante marzo. Sigo queriendo saber si alguno de ustedes también se cuestionó su rol de coaches en esta catástrofe. Sigo queriendo saber si en nuestra comunidad hubo otros que también dudaron de sus competencias ante tamaño desastre emocional, dándonos cuenta que los cientos de talleres en tiempo de "normalidad", hoy no son suficiente experiencia. Sigo con las ganas enormes de esta reflexión. En estas coyunturas tan fuertes y especiales es donde estamos llamados a ser comunidad, para ayudar a reparar nuestra propias grietas, y principalmente, para apoyarnos mutuamente en el aprendizaje de una mejor manera de ayudar a reparar las grietas de otros. Si no es ahora, ¿cuándo?


Gracias Adolfo por este post
Me surgen varias reflexiones, como señalas somos formados para reparar las grietas emocionales, y me gustaría agregar que son aquellas que provienen de las interpretaciones. Nuestra formación es en el lenguaje, incluso en las emociones, hablamos de la interpretación, la reconstrucción linguistica de la emoción, precisamente para diferenciarlo de la emoción misma
Y tu metáfora de las grietas nos lleva a preguntarnos si estamos preparados para las grietas estructurales, aquellas que provienen, no de las interpretaciones, sino de las huellas dejadas en el cuerpo. Muchas veces nos hemos dicho que el coach no es para las heridas profundas, sino para ayudar a las personas sanas a encontrar la mejor forma de realizarlos
-----------------
Raúl Herrera L
Querido Adolfo. me hago partícipe de tus reflexiones. Todo esta tragedia ha venido a profundizar mis propias grietas (estructurales y de las otras), mi propia "confusión", y el cuestionamiento sobre mi rol y aporte como consultor y coach.
He estado haciendo diversas exploraciones en busca de sentido. A veces aparecen chispas de inspiración, ideas, proyectos, mapas, posibilidades... he estado impulsando aquello que he podido armar. Confieso que estoy en medio del proceso de entender y descubrir y que también me serviría ese espacio con la comunidad para hacernos las preguntas que planteas. Apoyo tu propuesta a la ICF y espero que se concrete en los próximos días. Un abrazo,
-----------------
Raul Pacheco