El ponente
El ponente formó parte de un panel con su colega y amigo, el brillante Eduardo Olguín, que versó sobre el Coaching en las Organizaciones y no sobre el tango que les interesaba más. Ya en el Segundo Congreso, el ponente tuvo la ocasión de plantear el tema del Coaching Directivo, entendido como
el acompañamiento a esas personas que tienen el rol de dirigir
organizaciones y se enfrentan a situaciones y quiebres que tienen que
ver con su rol, sin olvidar, desde luego, su condición de ser humano
integrado.
El punto de vista de la ponencia en esta ocasión fue doble. Se trataba de responder a las preguntas:
- ¿Podemos intevenir en las organizaciones y sus directivos sólo con las distinciones que el coaching ontológico nos da?
- ¿Podemos desarrollar una forma de consultoría construída sobre el marco teórico del coaching?
La
respuesta a la primera pregunta ha sido objeto de una antigua y larga
discusión (en el sentido griego de la palabra) con aquellos con quienes
el ponente se formó y posteriormente con un buen número de colegas que,
sí les entiende bien, piensan que cuando cambiamos a las personas estas
cambian sus organizaciones. La pregunta es ¿Permite el tiempo
organizacional la duración del aprendizaje y sintesis necesarios?
Primero cambiar mi vida, después conectar con el mundo de la
organización, establecer categorías de gestión y preguntas para ellas.
Largo proceso.
Las
personas tenemos problemas, inquietudes, lenguajes, formas de escuchar
diferentes dependiendo de los contextos, los roles tantas cosas como
hemos aprendido. Y dependiendo de esa posición en el hipotético mapa,
algunas preguntas tienen sentido en unos y no en otros. Por eso la
broma del ponente con el hombre que habla con la vaca ¿Qué pasaría si
la persona que tenemos enfrente tiene las inqietudes de una vaca, si
siente como una vaca? ¿Podrían nuestras preguntas dirigidas a los
quiebres laborales resonar en ella? ¿Seríamos capaces de "escuchar" la
emcionalidad de la vaca, de empatizar con ella? Probablemente lo que SI
lograríamos es no comprarnos el quiebre de la vaca. En eso seríamos
ortodoxos.
Detrás de esta broma está la intención de argumentar que si aceptamos que "No podemos intervenir en un mundo que no sabemos observar" no podemos ser coaches dentro de un contexto del que no tenemos distinciones.
El
ponente tiene el juicio que ha ido fundando en su experiencia, que el
coaching basado en la buena voluntad y en la innegable maestría en
identificar quiebres de la vida personal si no van acompañados del
entendimiento del fenómeno organizacional y sus dinámicas hacen un
flaco favor al ejercicio de la profesión en este ámbito. Resultan en la
realidad como si hablaran con una vaca que por respeto les mira con sus
grandes ojos dulces pero que termina dándoles la espalda. No hablan el
mismo lenguaje.
La
respuesta a la segunda pregunta está ampliamente recogida en el paper
"Coaching Organizacional: Un modelo de intervención para el cambio" de
la que el ponente fue coautor con Verónica Virgilio publicado en los Cuadernos de Management de la revista española Nueva Empresa en dos números de Febreo y Marzo de 1.999.
El
paper fue el resultado de la experiencia consultora y las
conversaciones con un grupo de colegas, recuerdo con especial agrado
los aportes y puntos de vista de Reinaldo López.
¿Qué
pasaría si considerásemoa a la organización como un ser y le hiciesemos
preguntas? Esas preguntas para ayudarla a entenderse y a mejorar su
desempeño deberían partir de un mapa de interpretación de su
funcionamiento. Un mapa lo suficientemente amplio como para contener
distintas formas de desarrollo del hecho organizacional.
Si el
cambio es la variable de ajuste de la permanencia y, a su vez, el
aprendizaje es la variable de ajuste del cambio ¿Qué ventajas tendría
si asimilásemos ese mapa a los ciclos del aprendizaje de primer y
segundo grado? Nos permitiría identificar acciones que permiten el
alineamiento y las alternativas de acción en la regularidad, es decir
dentro del paradigma actual de la organización, como el resultado de un
aprendizaje de primer orden, distinguiendo aquellas otras acciones que
sólo pueden surgir de un cambio de la forma de mirar la organización
por parte de quienes la dirigen y de cambiar los paradigmas de la
operación por parte de quienes intervienen en su cotidianeidad, es
decir de aprendizajes de segundo orden.
Para
eso sería necesario disponer de un Sistema de Observación de los
Resultados y las Interacciones que permitiese diagnosticar en qué punto
se encuentra la organización. Hoy disponemos de herramientas como el
Balanced ScoreCard que podrían integrarse a una concepción como esta.
El
ponente desarrolló su visión de que cuando encontramos las preguntas
adecuadas para ver si los Resultados que la organización se propone
están alineados con una correcta lectura del entorno, y aquellas otras
que nos permiten distinguir si las interacciones de la organización
permiten obtener los resultados definidos y finalmente las preguntas
que nos identifiquen si las competencias, las creencias y la
amocionalidad de las personas permiten llevar a cabo las interacciones
planteadas sobre el papel, tendremos la base de un alineamiento
estratégico horizontal.
Cuando adoptemos las preguntas que nos
muestren si las interacciones estratégicas son posibles con la
estructura y los procesos y éstos son posibles con la cultura
representada por sus prácticas, tendremos una forma de abordar el
alineamiento estratégico vertical.
Dos ejes de preguntas que
responden a las categorias esenciales del funcionamiento de cualquier
organización y un observatorio que vincule los distintos indicadores
que hoy desde una mirada sistémica podemos obtener para interpretar de
forma integrada lo cuantitativo y lo cualitativo, dándole tanto valor a
las cifras, como a los datos subjetivos que pueden cambiar a los
primeros (esto nunca ha estado más claro que en los momentos de crisis
en los que el ponente escribe estas líneas).
Operando desde esta concepción la organizacion se encontrará con preguntas poderosas que moverán su cambio. Intervenir
de esta manera es lo que el ponente viene haciendo en los últimos años
y su experiencia le dice que es un camino que genera auspiciosas
realidades. El hecho es que le siguen contratando y que su agenda está
completa. El resultado parece, por tanto, avalar la práctica.
La primera fila, en la que estaban sus amigos, le aplaudió generosamente.

Gracias Juan,
Que manera de hacerme sentido lo que cuentas que planteó Eduardo...
Muchas veces en mi devenir de coach me he encontrado con colegas que intervienen organizacionalmente sólo dejando los resultados en "que les pase algo"...
Me hace sentido, por que en estos momentos me encuentro trabajando sobre un tipo especial de organización... las de salud pública. Y claro... si quiero intervenirla como si fuera un colegio, una ONG, un banco...o cualquier organización, sería un coach que no escucha, y por lo tanto, un no coach... aplicador de una pomada (poderosa en si...).
"No podemos intervenir en un mundo que no sabemos observar"...
Que linda reflexión para todos los coaches...
¿qué mundo, sobre el cual estamos interviniendo, no estamos sabiendo observar?...¿o sobre cual no tenemos distinciones y nos estamos metiendo igual?.
Abrazos
Pablo, gracias por tu comentario. Sólo una precisión y es que la ponencia a la que me refiero es la que yo presenté. Uso la tercera persona en el relato, para seguir el mismo estilo del primer post sobre el Congreso. Un pequeño juego literario que parece que entorpece la comunicación.
Un abrazo y quedé con Illary que tratara de preparar una reunión sobre la conversación de coaching y tecnología que tenemos pendiente desde el verano pasado
Juan
Juan Vera
Pablo, gracias por tu comentario. Sólo una precisión y es que la ponencia a la que me refiero es la que yo presenté. Uso la tercera persona en el relato, para seguir el mismo estilo del primer post sobre el Congreso. Un pequeño juego literario que parece que entorpece la comunicación.
Un abrazo
Juan
Gracias Juan por el antecedente... corrijo el error y entonces, te felicito por la presentación.
Estoy a la espera de nuestra reunión.
Un abrazo