
Uno de nuestros compromisos en la Plataforma es que compartimos lo que aprendemos, y que lo que aprendemos, lo hacemos en la acción.
Declaramos que hacíamos las cosas con otros, que no llevábamos cochiguagüeros ni andábamos a la cochiguagua (chilenismo que quiere decir "que te lleven en el cochecito del bebé").
Y desde ahí abrimos conversaciones, espacios de aprendizaje, ofertas, posibilidades. Fuimos probando, investigando, generando un espacio amoroso donde es posible aprender en el borde, en riesgo pero en cuidado.
Nuestra oferta hacia adentro era ir generando emprendimientos que fueran haciendo crecer la oferta central. Que cada uno encontrara y declarara el espacio donde quería brillar, donde era la mayor oferta y juntos construíamos el contexto para hacer que eso sucediera. Siempre conectados con la abundancia, la gratitud y el compartir.
Y funcionó.... y no funcionó al mismo tiempo.
Aprendimos que la generación de un espacio cuidado es necesario para que suceda el aprendizaje y la transformación, y no es suficiente para generar acción. Que muchas veces las personas manifiestan su compromiso, dicen querer estar, y lo hacen sincera y profundamente, y aún así no es suficiente para generar acción.
Primer aprendizaje estructural:La sinceridad sucede hasta el espacio en que puedo ver.
Aprendimos que el impulso natural hacia la estabilidad es muy fuerte, que se requiere cuerpo para sostener la impermanencia, que meterse en las profundidades de uno mismo nos conectan muchas veces con personajes, sombras, miedos que a veces no los queremos ver. Y eso es legítimo.
Segundo aprendizaje estructural: El espacio declarativo es necesario pero no suficiente.
Aprendimos que la conversación de sostener "con otros" es tan distinta de acuerdo a cada quien, que si no es en la práctica es muy difícil de sostener. Decir que lo vamos a hacer "con otros" más allá de que "los otros" digan que si, requiere de más claridades, requiere de estructura. El caos muchas veces no es compatible con nuestro cuerpo físico, requiere de comprensión y de integración. requiere la capacidad de ver más allá del desorden y ver la posibilidad que exista un orden después del caos inmediato.
Tercer aprendizaje estructural: Sino es en la práctica, no es.
Aprendimos que todos y cada uno tiene la posibilidad de estar y de no estar al mismo tiempo. Que pertenecer a un colectivo es una opción, y que cada uno de los que se ha ido lleva consigo los aprendizajes, las lógicas y las formas de entender que hemos ido creando. Si las usan o no, es opción personal. Pero no nos cabe duda que cada uno de los que han pasado por acá han crecido, se han desarrollado.... no por nada somos una incubadora de emprendedores integrales.
Cuarto aprendizaje estructural: Los que llegan no tienen para que quedarse. El valor está en poner la conversación afuera, en transformase y llevar consigo la posibilidad de transformación. Sólo así funcionará la máquina de las fichitas amarillas.
El nacimiento le lleva dolor de parto.
Lo mejor, es que podemos ver esto y podemos darnos cuenta de todo lo que tiene que ver con nosotros, con nuestras expectativas, con las formas que tenemos de entender lo que hacemos, y desde ahí conservar lo que nos constituye, lo que nos hace permanecer, y soltar lo que nos aleja y nos conecta con la inefectividad para, vía transformación, encontrar nuevas formas de ser-hacer.
Bienvenida la nueva vuelta del espiral!

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